Todo comenzó en un grupo de Facebook durante la pandemia, en plena cuarentena. Ella estaba en Hong Kong, con trece horas de diferencia horaria, y yo en Barranquilla, Colombia. Intenté viajar a verla, pero la crisis global nos puso barreras insuperables y tuve que devolverme.
A pesar de la distancia, la incertidumbre y las dudas, persistimos durante mas de un año y medio.
Ella decidió arriesgarse, dejarlo todo y venir a Bogotá conmigo. Pasamos momentos difíciles, viviendo en alojamientos temporales y esperando un bebé, pero Dios siempre guió nuestro camino.
Empezamos nuestro sueño gastronómico vendiendo ramen desde nuestro apartamento. Sin embargo, pronto vimos el potencial y la autenticidad que podíamos ofrecer a través de la comida filipina. Fueron dos años de trabajo constante vendiendo a domicilio hasta que, por fin, encontramos nuestro rincón en Prado Veraniego.
Un influencer probó nuestra sazón y, gracias a Dios, nuestra propuesta se popularizó. Hoy, Lutong Pinoy es una realidad gracias al amor y la perseverancia de nuestra familia.
Gracias por ser parte de este viaje. ¡Ven a probar nuestra historia en cada bocado!